Salud visual: Iris

06.01.2022

Cuando hablamos del color de ojos de una persona nos estamos refiriendo al color del iris, una membrana anular que divide internamente el globo ocular en dos cavidades: cámara anterior y cámara posterior; la primera está rellena por el humor acuoso y la segunda por el humor vítreo.

El color de los ojos de una persona viene determinado por la cantidad de melanocitos (células pigmentarias) que hay en el iris, de forma que cuanta mayor cantidad de estas células hay más oscuros serán los ojos; así podemos encontrar tonalidades desde el azul grisáceo al marrón oscuro.

Curiosamente en la raza caucásica nacemos todos con los ojos azul grisáceos, pues el pigmento se va desarrollando durante el primer año de vida hasta adquirir la tonalidad definitiva.

En el centro del iris encontramos un orificio, la pupila, que permite el paso de la luz al interior del ojo. Así, el iris actúa igual que un diafragma en una cámara fotográfica, permitiendo pasar más o menos luz en función de las necesidades y condiciones lumínicas del momento variando el tamaño pupilar gracias a la acción de dos músculos orbiculares: el músculo esfínter del iris que disminuye el diámetro pupilar y el dilatador de la pupila, que aumenta el tamaño de esta.

En los lugares muy luminosos la pupila se contrae limitando la cantidad de luz que entra en el ojo, mientras que con poca luz, como por la noche, la pupila se dilata para favorecer el paso de la mayor cantidad de luz posible.